25 de julio de 2017

LET'S GO DIVING TO PIGEON ISLAND

23-07-2017 a 25-07-2017

¡Por fin ha llegado el gran día! ¡Vamos a bucear ! Hoy hace exactamente 5 años que buceamos por última vez. Fue en Fernado de Noronha, en Brasil. ¡Vaya casualidad!
Contactamos con Poseidon Diving Center via email y nos lo pintaron muy bonito. Al llegar, resultó que tenían mucha demanda y que no nos aseguraban que pudiéramos bucear. Finalmente, lo arreglamos y decidimos turnarnos. Primero saldría yo.
Llego a las 8:15 y un divemaster me está esperando para preparar el equipo. Lo revisamos y montamos juntos y luego nos vamos al mar a hacer un par de ejercicios básicos. Muy profesionales.
Me siento de nuevo como un open. Nos vamos en la lancha con tres buceadores más a Pigeon Island, reserva Natural Patrimonio de la Humanidad. Brutal!!! Las inmersiones no son nada del otro mundo, considerando que, nada para mí, ha superado a Bunaken. Aún así, tengo que admitir que el coral es precioso. De hecho, vemos uno enorme que tiene más de 1000 años, según relata nuestro divemaster.
Entre una inmersión y la otra nos bajan en Pigeon Island, donde montones de turistas hacen snorkel en la zona de bollas reglamentaria, para ver tiburones punta negra y tortugas. Lo malo es que al ser domingo, a los turistas de chalecos naranjas y tubos de buceo, se suman los ceilandeses domingueros que vienen a pasar el día a la isla. Es curioso ver cómo las mujeres se bañan con toda la ropa puesta. No hay que olvidar que aunque la gran mayoría son budistas, también los hay hindús y musulmanes.
Lo mejor de todo es que ha sido como si nunca hubiera dejado de bucear. Me he sentido genial.

Mientras tanto los peques y yo mismamente (Jordi) optamos por día relax en el hotel. Nos levantamos tarde y nos vamos a desayunar al buffet del hotel. Los niños se quedan sentados en la mesa del restaurante mientras yo voy trayendo las cosas (el desayuno se hace en un recinto cerrado aunque también con vistas tanto al palmeral como a la piscina). Como es tradición aquí también te puedes pedir una tortilla recién hecha y que te pongan dentro lo que te apetezca (la clave está en decirles con no te pongan picante). Después nos vamos a la playa. Hace un sol de justicia: toca crema y llevar camisetas de agua. Los niños no se resisten. Empezamos recogiendo unas conchas y después nos vamos a jugar en la orilla con las olas del mar. La playa de Nivali es muy chula: muy amplia (la vista no te alcanza a ver el final), con un desnivel de entrada en el agua muy progresivo y ¡NO HAY CASI NADIE! Como únicas pegas comentar que la arena es abrasadora hasta llegar a la que está mojada (nos hacemos unas carreras tanto de ida como de vuelta incluida Laura) y hay oleaje y mucha corriente (nos podemos bañar para si vas con niños muy pequeños no te tienes que meter muy adentro). Nos lo pasamos de miedo. Desde la orilla se ve Isla Pigeon a lo lejos: no dejamos de ver barcas que van y vienen durante toda la mañana.

Después nos vamos a la piscina: profundidad de un metro en casi toda ella (puedo estar tranquilo con David) y manguitos para Laura (este año se los deja poner y la verdad es que se esfuerza en nadar un montón). Hay una zona de entrada donde hasta Laura puede estar de pie y encima da la sombra; allí pasamos un buen rato jugando a papás y mamás. Después toca comer: no hay buffet de mediodía (como en la mayoría de hoteles); tiene un restaurante de playa (techado y corre brisita) con menú infantil. Los niños flipan: toca hamburguesa de pollo con patatas fritas. ¡Y de postre fruta con helado! Cuando ya terminamos de comer llega Fani (son pasadas las 14:30): llega cansada pero muy contenta. Le he guardado parte de mi plato (hay tanto “grilled tunna” que le puedo ceder mi mitad). Ponen “wasabi” en un ladito del plato (¡que graciosillos!) y por error lo mezclo con una verdurita que había quedado allí perdida; resultado: ¡ARDOR INTENSO! 

Por la tarde ya todos juntos nos explicamos las experiencias vividas, descansamos un rato en la habitación (peli para los niños y colada y blog para los mayores) y de nuevo nos vamos todos a la playa a recoger conchas (son más de las 17:00 y el sol está ya muy bajo; como las 20:00 en verano en España) y después a la piscina. Mientras cenamos Dhanu nos viene a buscar para explicarnos que le han llamado del centro de buceo para decir que mañana Jordi no podrá ir porque los grupos están completos. Probaremos suerte el martes.




Poco que contar del lunes: pasamos un día de relax en familia alternando playa con piscina y hacemos todas las comidas en el hotel. Al mediodía nos tomamos unas “grilled jumbo prawns” que son unas gambas tamaño “king size” con mantequilla por encima: están muy sabrosas. Los niños repiten con la hamburguesa (¡y eso que tienen más opciones!). De nuevo blog y colada en los ratos libres. Por la tarde 2 incidencias. La primera es que Jordi se va con Dhanu a la agencia de buceo para “asegurar” la salida del día siguiente: ¡que una plaza y nos la dan! Será por pesados… La segunda es que mientras Jordi está en el centro de buceo Laura hace uno de sus saltos a la piscina (¡ha perdido el miedo por completo!) y pilla a Fani desprevenida: supertrompazo en toda la frente y herida con los dientecitos de Laura. La pequeña se disculpa enseguida; no se ha hecho nada (¡menos mal!) y a Fani el encargado de la piscina le ayuda a salir del agua y le trae hielo. Después llega Jordi y nos vamos a curar a la lesionada. Tenemos dudas sobre si harán o no falta puntos, pero Fani trae de todo en el botiquín y nos apañamos.

El martes viene a ser la experiencia vivida el domingo pero invertida. Las únicas diferencias son que el grupo que se queda en el hotel renuncia a la playa ya que Fani no se puede mojar la frente (se sustituye ese tiempo por blog y cuadernos de vacaciones en la sala común con wifi) y que por la tarde vamos a la playa antes (a eso de las 16:00 para pillar algo de sol).

La experiencia de buceo es similar: hay un “refreshing” previo donde te montas tú mismo el equipo y haces 3 ejercicios básicos en la orilla del mar (de nuevo me agobio – Jordi – con el de la máscara pero me dan un aprobado) y te llevan en barca a Isla Pigeon (recordar que hay que llevar las 2500 rupias que te cobran por acceder como tasa de entrada; es una isla protegida). Creo por lo que me explicó Fani que hay menos gente que el domingo; pudiera ser aunque no está mal la gentada que hay). Consideraciones a tener muy en cuenta:
  1.  La isla es muy pequeña: la atraviesas en apenas un minuto.
  2.  Hay árboles: así que te puedes resguardar del sol bajo su sombra.
  3.  Hay poco que hacer salvo bucear o hacer snorkel. Lo digo por la gente que vaya con niños pequeños (creemos que es mejor enfocarlo como lo hemos hecho nosotros: los niños disfrutan más de la playa de Nilaveli)
  4.   El agua es mucho más clara (a pesar de todo no la puedo considerar paradísica por no tener ese azul – verdoso de otras playas tan característico). Hay coral y bancos de peces tropicales.
  5.  No hay garitas o puestecitos de venta de bebidas o comida alguno: olvídate de pedirte allí unos snacks, un helado o una miserable botellita de agua: ¡te la llevas en la mochila!
  6.  No hay mesas ni sillas para picnic; por eso la mayor parte de barcas de acceso ya no dan servicio pasadas las 13:00. No hay lavabos: o te buscas un árbol escondido o te vas al agua.
  7.  Tiene 2 orillas habilitadas pero tienes una auténtica alfombra de coral: cuesta caminar por encima: imprescindible llevar calzado de agua. ¡Imaginaos lo que tuvo que ser para ambos la entrada desde la orilla al agua en una de nuestras 2 inmersiones con el equipo cargado pero las aletas en la mano!
En relación a las inmersiones comentar que están muy bien para recuperar sensaciones y quitarte el gusanillo. Verás coral y muchos pececillos tropicales. La visibilidad no suele ser muy buena por lo vivido y lo contado por el Dive Master. Con suerte puedes ver alguna morena o algún pez globo. Pero como dice Fani estamos muy lejos de Bunaken. Una inmersión la hacemos saliendo desde la orilla y la segunda saltando desde la barca; en ambas vemos más o menos lo mismo. Como anécdota comentar que mi Dive Master (un chaval jovencito y muy simpático) mira mis zapatillas de agua con mucho interés en un momento de nuestro descanso entre inmersiones; me pide por cuanto se las vendo y que para él son muy difíciles de conseguir. Se las dejo probar: le quedan bien. Se las regalo.



Isla Pigeon


En relación al Poseidon Diving Center comentar que por lo vivido por nosotros es una empresa muy seria y muy profesional tanto para la preparación del equipo y el “refreshing” (si es que lo necesitas) como para las inmersiones y los desplazamientos en barca. Se nota que son un equipo, priorizan la seguridad y se preocupan porque la experiencia sea lo más agradable posible. Hay poco “fantasmeo” (nos gusta). El problema es la organización: olvídate de hacer reservas (ni el mail ni el teléfono nos funcionaron). Hay que ir en persona a tocarles los pinreles. 

En total, refreshing + inmersiones cuestan 75$ y se puede pagar con tarjeta de crédito.






En conclusión: no nos queremos ir de aquí, pero nos esperan todavía muchas aventuras!

22 de julio de 2017

LAS RUINAS DE POLONNARUWA

Cuando nos despertamos sabemos por lo que nos anticipó Dhanushka que nos espera un día muy duro. ¡Y ya de buena mañana pega una soleada que no veas!

Tardamos una hora y media en recorrer la distancia que separa Dambulla de las ruinas de Polonnaruwa. Es un complejo arqueológico inmenso; a diferencia del de Anuradhapura, éste está menos concurrido y eso que vamos en sábado. La cantidad de turistas es similar (pocos, como casi siempre) pero hay menos feligreses. Aunque tiene casi 1000 años de antigüedad, es mucho más reciente que Anhuradaphura. La dinastía Chola del sur de la India fijó su capital en Polonnaruwa tras la conquista de Anhuradhapaura a finales del siglo X por estar situada estratégicamente. Tras la reconquista los cingaleses optaron por mantener la capital allí.

Vamos directamente al Museo Arqueológico a comprar las entradas de acceso. Aprovechamos para visitarlo y la verdad es que lo recomendamos: no es muy grande y se visita rápido. Lo que más nos llama la atención son las maquetas que hay de los principales monumentos del parque pero reconstruidos; las encontramos de un enorme interés ya que te permiten imaginarte como eran en su época de esplendor. También están expuestas armas de guerra, utensilios para hacer grabados, herramientas agrícolas e instrumental médico quirúrgico ( en serio ). Los niños miran las vitrinas con interés especialmente cuando ven una araña peluda dentro de una de ellas. En la última sala vemos una magnífica colección de estatuas hindúes que representan a diferentes dioses.

Entonces empezamos la visita de las ruinas. Son cerca de las 12:00 y el calor es sofocante. Los niños se nos desaniman rápido. El complejo está dividido en diversos grupos de ruinas. Afortunadamente podemos ir de grupo en grupo con la furgoneta. Vemos turistas desplazándose en sus autobuses, furgonetas y tuc tucs. Los más inconscientes van en bicicleta.

Empezamos por el Grupo del Sur. Allí vemos:
  1.  Estatua: estatua de casi 4 metros de altura que se dice que representa al Rey Parakramabahu I sosteniendo un yugo.
  2.  Potgul Vihara: esta estructura supuestamente se usó como biblioteca para almacenar libros sagrados. La dagoba central hacía las funciones de archivo mientras que los edificios periféricos eran salas de lectura. Nos paseamos por ahí con Laura a caballito y David refunfuñando con razón.


Después nos vamos al Grupo del Palacio Real:
  1.  Palacio Real: construido por Parakramabahu I, era un edifico residencial magnífico de 7 plantas (ya hemos visto la maqueta en el museo). En la actualidad sólo quedan unas ruinas con las que apenas te haces una idea de cómo eran las dos primeras plantas. No queda ninguna más porque las superiores eran de madera y el edificio fue quemado en su época por los invasores indios. Por desgracia, ésta es una constante de nuestra visita al complejo: las ruinas son sólo ruinas y no puedes dejar de visitarlas con la melancolía de pensar cómo serían sin la guerra y el pillaje que tuvieron que sufrir. En este sentido las ruinas que visitamos en Perú o Yucatán están mucho mejor conservadas.
  2.  Kumara Pokuna estanque para los baños.
  3.  Salón de las Audencias: donde el rey recibía visitas. No queda ningún trono pero los escalones de entrada son impresionantes.



Llegados a este punto comprendimos que los niños no daban para más. Quedaba poco para las 13:00 horas y Dhanushka propone  que en el resto de ruinas nos bajemos sólo nosotros dos mientras él se queda con los peques en la furgoneta (fijaos la confianza que teníamos ya con él). David se las ingenia para convencerle de que les compre zumo de papaya ( en inglés ¡!!!)

Llegamos al Cuadrángulo: éste presenta la mayor concentración de edificios en área bastante reducida. Como ya es lugar sagrado a partir de aquí en delante de nuevo nos vimos obligados a hacer uso del pantalón largo y de descalzarnos. Os puedo asegurar que a esas horas es imposible caminar sin calcetines: ¡el suelo quema como una mala cosa! En esta zona el estado de conservación es mayor. La verdad es que visitar las ruinas en este orden garantiza ir claramente de menos a más. A destacar:
  1.  Edificios Hatadage y Vatadage: uno enfrente del otro: el primero te queda a mano derecha según entras y el segundo a mano izquierda. De los dos el templo más impresionante es el Vatadage con sus 2 terrazas circulares, sus guardianes de piedra y su Piedra de Luna en la entrada norte. En el centro te encuentras con una dagoba flanqueada por 4 estatuas de Buda sentado
  2.  El Gal Pota o libro de piedra: una piedra alargada de 9 metros por 1.5 de ancho con inscripciones donde se explica como la piedra, de 25 toneladas, se transportó desde Mihintale (unos 100 km).
  3.  Thuparama Gedige: en el extremo sur. El único templo – no dagoba – de Polonnaruwa que conserva el techo intacto. Es un edificio ciertamente muy alto; los demás debieron ser así también. En su interior también vemos varias estatuas de Buda






Volvemos a la furgoneta: los niños se lo están pasando de miedo. Nos dicen que se están montando una superfiesta en la furgoneta con Dahnushka de cómplice. Vemos todas las botellas de agua (tanto las llenas como las vacías) esparcidas por el suelo de la furgoneta… Optamos por no saber nada más.

Pasamos al Grupo Norte. Repetimos la misma operación de dejar los niños con su fiesta privada en la furgoneta. No paran de reír y de invitarnos a salir con nuestra particular peregrinación. Alcanzamos, por este orden:
  1. Rankot Vihara: la dagoba de mayor tamaño en Polonnaruwa, con casi 55 metros de altura. Es de ladrillo oscuro; ya no conserva el blanco encalado (como ya nos pasó con algunas dagobas en Anhuradhapura. La bóveda es enorme y te hace sentir muy pequeño.
  2. Lankatilaka: misterioso templo con muros de ladrillo de 18 metros con una estatua de pie de Buda sin cabeza, probablemente arrancada en algún acto vandálico. Nos llama la atención que en algunas zonas se conserva la decoración en sus paredes externas
  3. Kiri Vihara: esta dagoba sí conserva su color blanco y se halla en medio de una arboleda. La verdad es que te queda una imagen muy hermosa pues se mantiene muy bien


Volvemos al coche; la pequefiesta continúa. Hasta aquí podemos decir que la visita, a pesar de ser muy interesante, no logra sorprendernos. Eso es debido a que faltaba el plato fuerte a nuestro humilde modo de ver. Es entonces cuando llegamos a Gal Vihara, el monumento más famoso de Polonnaruwa. Sencillamente espectacular. Se trata de un enorme fragmento de roca que muestra cuatro imágenes de Buda talladas en granito; un hito en las tallas en roca cingalesas. Las 4 estatuas escenifican cronológicamente (de izquierda a derecha) momentos de la vida de Buda. Las 2 de la izquierda muestran un Buda sentado en posición de meditación. El tercero por la izquierda nos muestra un Buda de pie de 7 metros de altura, con los brazos cruzados y con el rostro triste. Dhanushka nos explica que muestra a un Buda que es consciente de su próxima muerte y que lamenta no poder “iluminar” a más gente. Finalmente podemos apreciar el Buda Reclinado, de 14 metros, representado mientras entra en el parinirvana (nirvana tras la muerte). Para esta visita si vamos todos (las explicaciones de Dhanushka a pie de roca son muy valiosas); como de imaginar los niños protestan. Mientras nos acercamos a verlo de cerca los dejamos a la sombra de un árbol de Dhanushka.






Volviendo a la furgoneta nos encontramos con una mama macaco con su pequeño en brazos en medio del camino; todo el mundo se para a mirarla. Nosotros también nos quedamos un rato observándola (los niños alucinan). Es la foto del día ( después de taaaanto caloooor ).


La visita la terminamos pasadas las 14:00 de la tarde pasando por un estanque en forma de flor de loto muy bonito que debió ser usado por los monjes para baños rituales. Llegamos a un restaurante buffet en menos de 10 minutos. Estamos tan acalorados y cansado que ya no tenemos ni hambre.

Tras reponer fuerza nos subimos a la furgoneta: nos esperan dos horas y media de coche hasta Nilaveli. Aunque dormimos todos, la megasiesta que se pegan los niños es de órdago. Antes de llegar al hotel paramos por una escuela de buceo que teníamos mirada por Internet para intentar acordar alguna inmersión durante nuestra estancia en las playas del este. Por desgracia, a pesar de los mensajes recibidos vía mail con ellos en los que lo pintaban todo de color de rosas, están muy llenos y por el momento sólo pueden asegurar la salida de Fani del día siguiente. Aceptamos.

Después llegamos al hotel ( Hotel Nilaveli Beach ): como son cerca de las 19:00 ya es de noche. Optamos por salir con los niños con las linternas para explorar la playa. Los niños flipan: empiezan a recoger sus primeras conchas y encontramos hasta algún cangrejo.
El hotel es una pasada. Un lujazo que no nos habríamos permitido si no lo hubiéramos contratado por agencia.
La cena es una pasada: buffet al aire libre, al pie de la piscina. Las mesas están dispersas de forma aleatoria entre árboles frutales y manglares, algunas en la arena de la playa, a la luz tenue de velas y pequeñas fogatas. Todo un lujo. Muy romántico.
Me llama la altención que haya mujeres intentando barrer las hojas de los árboles. Me parece un esfuerzo con muy poca recompensa. 

En un rincón te sirven diferentes tipos de pescado y carnes a la brasa, recién hechos. Pastas, arroces, verduras, panes, frutas, postres típicos…hay mucho para escoger. Y cada vez que pongo algo en el plato pregunto: ¿ esto pica ? 

Aquí pasaremos nuestros próximos 3 días.




Invitado inesperado

21 de julio de 2017

UNA COLECCIÓN DE ARTE

GRAN BUDA DE AUKANA Y TEMPLO REAL DE DAMBULLA 

Nos despedimos del Hotel Palm Garden Village, donde hemos estado de lujo. Las habitaciones se disponen en forma de bungalows a la largo de un jardín lleno de árboles. La recepción es un edificio colonial con techos altos y grandes columnas. Llama la atención que el espacio no está nada aprovechado. En la recepción apenas hay un par de muebles. Está casi bacía. No olvidemos que en realidad estamos en una isla donde el turismo todavía está desarrollándose.
A pesar de tener wifi solo en las zonas comunes y en general de no muy buena calidad, hemos conseguido publicar alguna cosa. Lo que más nos ha gustado de este hotel es la piscina, con una zona perfecta para los peques. Lo que menos, los monos. Los hay por todas partes y son revoltosos e incluso agresivos. No podíamos dejar ropa ni las zapatillas en la terracita del bungalow porque se lo llevan para jugar. En general, la experiencia nos ha gustado y repetiríamos.

Hotel Palm Garden Village

Una hora y media de coche y nos plantamos frente a la espectacular estatua del buda de Aukana, de 12m de alto. Está literalmente esculpido en la piedra.


Comemos como de costumbre, en un restaurante con un buffet por el camino y una hora después llegamos a Dambulla, hacia las dos de la tarde, con un sol de justicia. Des de la furgoneta vemos el mercado al por mayor más grande de Sri Lanka, abierto las 24h, donde todos los comerciantes vienen a buscar la mercancía para sus negocios.
Llegamos al Templo Real de las cuevas de Dambulla.
De nuevo, nos esperan unos escalones en una ladera de roca que ascienden a través de un paisaje verde esmeralda. Las vistas nos impresionan. En esta ocasión, Laura quiere subir sola todos los escalones. Dice que es mayor y que ella sabe… a ver cuánto dura.



Al menos, esta vez, podemos quitarnos las zapatillas cuando ya estamos en la entrada, lo cual se agradece. Es un lugar de culto, un lugar sagrado.



El Templo consta de 5 cuevas de diferentes épocas. Curiosamente la menos antigua es la menos conservada. Dhanu nos explica que es porque las técnicas de restauración, han pasado por unas pocas familias de generación en generación hasta perderse por completo.  Contiene más de 150 esculturas y pinturas de buda impresionantes. Es una colección de arte religioso de más de 2000 años, que los diferentes reyes de la época han ido completando hasta el siglo XX. Uno de los reyes hizo que las cuevas se doraran, haciendo que el lugar fuera conocido con el sobrenombre de Ran Giri (cueva dorada). La coherencia visual impresiona. Dhanu nos explica con tono solemne la historia de cada una de las cuevas. Las fotos para nada expresan lo impresionante que es este lugar. 









Los peques están más interesados en saltar por las rocas que en ver las cuevas, así que nos turnamos para poder verlas y hacer fotos. No dejan que en las fotos salgan personas, sólo puedes fotografiar las estatuas y pinturas, así que nada de selfies. Esta vez no pasamos tanta calor. El templo se sitúa a 160m de altura y nos regala una brisa agradable.

Nos marchamos satisfechos, impresionados, impactados.

Ruta de nuevo. Las carreteras son tortuosas y polvorientas, están mal asfaltadas y tiene un carril en general. Los adelantamientos son de vértigo. Me explico: como norma general, cuando adelantas un coche esperas que el carril contrario no esté ocupado. Aquí, si lo que hay en el carril contrario ocupa menos que lo que ocupas tú con tu vehículo, adelantas igual, de manera que podemos coincidir todos en el mismo momento, en el mismo espacio. Ya me estoy empezando a acostubrar, aunque al principio era una tortura.

Nos alojamos en al Hotel Amaya Lake. Y efectivamente, como indica su nombre, tiene un lago!! Aquí estaremos sólo una noche. Por supuesto toca premio para los peques; piscina y paseo a orillas del lago. En el hotel organizan salidas para avistar pájaros ( dentro de las instalaciones del mismo hotel ), pero no tenemos tiempo. Las habitaciones son también bungalows que salpican los jardines, meticulosamente cuidados. Nuestro bungalow está justo al lado de un cultivo de espinacas. Imposible perderse. La conexión wifi es genial ( en todo el recinto ).








20 de julio de 2017

DE WILPATTU A MIHINTALE

Hoy toca madrugón de los de verdad. Hemos quedado con nuestro guía a las 5 de la mañana para ir a Wilpattu. Nos levantamos a las 4.30. David se despierta sin problemas pero Laura sigue profundamente dormida, así que la cargamos  hasta el hall del hotel. Como no hay luces en el inmerso jardín que separa nuestro bungalow de la recepción del hotel, y teniendo en cuenta que aquí hay monos, lagartos, murciélagos, ardillas, y insectos del tamaño de una nuez, decidimos ir bien pegaditos alos niños, linterna en mano. Al llegar a la recepción, tampoco hay luz. Las sombras de las columnas se proyectan en los  altos techos. Todo es misterioso y emocionante a la vez, especialmente para David, que vive el momento a lo Indiana Jones.  Pensamos que seguramente, han cortado la luz en todo el recinto. 

El chico de recepción nos entrega nuestros desayunos. Nuestro guía saca la luz del teléfono. De repente,aparece otro chico, que se va a un rincón y...ui, enciende la luz.  A las 6h ya estamos en la entrada del parque. No se puede visitar sin guía- conductor. Necesitas contratar un jeep (hay varias compañias ) para entrar. En los alrededores del parque hay hoteles que ofrecen dichas excursiones y por internet hay también varias compañías. Los jeeps pueden ser pueden ser privados o compartidos. 




La aventura dura casi 4 horas y incluye parar para desayunar a los pies de un lago. Durante las primeras horas vemos un sinfín de animales. Desde los más pequeños y coloridos pájaros hasta el enorme e imponente de los animales, el elefante. Vemos monos, cocodrilos, jabalíes, ciervos, pavos reales, un lagarto, e incluso un oso! Lo más espectacular, sin duda alguna, es para mi, el elefante.
Lo más impresionante es poder ver a los animales en su hábitat, sin colores, montajes ni florituras. De echo vemos la escena de unos zorros intentando dar caza a un ciervo, fallida. El ciervo corre más. 


A la hora del desayuno, unos divertidos monos nos observan alborotados. Uno de ellos salta de forma rápida e inesperada al lado de Laura, abre la caja del almuerzo y nos roba una manzana roja, que se lleva a la boca para darle un mordisco. Laura ni se inmuta, yo pego un grito y David se queda boquiabierto. A los pocos segundos nos da a todos un ataque de risa. A la vuelta, a pesar de los baches, los peques se quedan dormidos. Tenemos que admitir que al principio pensamos que madrugar tanto era un poco exagerado, teniendo en cuenta que hay tours a media mañana y por la tarde. Al irnos constatamos que durante la última hora del tour, ya no vemos ningún otro animal. El guía nos explica que por el calor ya es más difícil. Nos consta que al atardecer también es un buen momento para visitar el parque de Wilpattu, el más grande de Sri Lanka. Es el que está más al norte, quizás por eso, todavía no es el más visitado. Las huellas de la guerra civil, que acabó tan solo hace unos años (en el 2009 ) todavía no se han borrado.

A las 11h ya estamos en el hotel. Nos merecemos un poco de piscina, una buena comida y una siesta corta, antes de emprender de nuevo la marcha. Por la tarde nos vamos a Mihintale, la cuna de la llegada del budismo a Sri Lanka. Sus 1840 escalones, no nos impiden disfrutar del final del camino; un buda en posición de teaching, una hermosa pagoda blanca y la escarpada roca donde Mahinda puso a prueba al rey Tissa, antes de combertirlo al budismo.









Además de unas vistas impresionantes al atardecer. Subir la roca no es para personas vertiginosas. El suelo patina y solo una barandilla sirve de protección, así que los niños no suben y esperan pacientes con Jordi, mientras ven a una mamá mono transportar agarrada como una garrapata en la barriga a su cría. Sólo por eso ya ha valido la pena el esfuerzo.
Tengo que decir, que la mitad de los escalones nos los ahorramos, ya que Danu nos sube con la furgoneta hasta un parking que hay a mitad de camino. Aún así, los niños se portan como unos campeones ( se sube descalzo )

Volvemos al hotel, derrotados, pero emocionados porque ha sido genial.
La cena, esta noche, no es de buffet como las anteriores, porque quedamos pocos huéspedes en el hotel. Escoger el menú nos parece peligroso y picante, muy picante. Aún así, nos sorprenden con un delicioso pescado con verduras y patatas fritas que los niños devoran entusiasmados, con ketchup.